lunes, 20 de diciembre de 2010

Identidad

Como entre multitudes alborotadas y cuerpos que se empujan contagiándose,
gritándose la angustia de vivir en ese roce inevitable del tráfico humano de temprano por la mañana.
Como la soledad de una noche vacía.
Cerca del abismo, lejos de comprender que atravesar no es destruir, sino dar sentido: atravesás con la espada...
... y no te queda nada.
Las flores que no tuviste el valor de regalar, deshechas en tus manos...
Los besos que no supiste dar, desgastándote la piel.
Y no quedan palabras... todo se esfuma antes de tocarte.
Y los abrazos no redimen, no resignifican, ya no iluminan...
Aprendiste una postura, ensayaste una expresiòn.
Creiste saber de què tenias que hablar..
Diste la espalda sin saber por què.
Cubriste tu cara...
...y te perdiste. Y si quisieras volver,
¿Donde està el camino que te trajo hasta este lugar?

¿y los espejos? ¿Donde están para mostrarte, tarde por la noche, esto en lo que te convertiste?
A la noche, cuando todos se van a dormir, sobre todos las noches de calor...
El acné.
Las ojeras.
La coloradez.
Las cicatrices.
Las puntas florecidas.
Los pelos.

Todo está ahí para recordarte, mortal, quién sos.

Pero antes de partir.. dejame que te abrace y te mire a los ojos
antes de que te pongas otra vez tu disfraz preferido: ese que usás para presentarte en sociedad.



Luna Seta

domingo, 31 de octubre de 2010

Migraña

Hacía una hora que la alarma del despertador estaba sonando. Eso acentuaba las jaquecas, y bajo las frasadas, siempre acurrucada del lado izquierdo de la cama, ella esperaba que la pesadilla se acabe. Había pasado toda la madrugada intentando dormir, tal vez haya logrado dormir algo, tal vez no... ya no importaba. Era la primer noche que le tocaba dormir sola en esa cama, y aunque deseaba con todo su ser que esto fuera una maldita pesadilla provocada por los fuertes dolores de cabeza, sabía que él ya no estaba del lado derecho de la cama; intentaba acurrucarse contra su lado y tal vez lograr sentir su olor, su respiración, los fuertes latidos de su corazón, sus manos firmes; nada de eso estaba ahí para sostenerla a la vida. Y en la oscuridad de la habitación centelleaba la alianza en su mano izquierda... y en su cabeza adolorida retumbaban como fuertes golpes punzantes las heridas del amor.
Ni la música le habría calmado el dolor. Cada segundo en esa habitación la hacía sentirse sola en un desierto de lágrimas de sal; si al menos existiera la esperanza de volverlo a ver... pero en ella ya no había esperanzas de nada. Sentía lo que sienten las personas en tiempos de guerra: sentía que ya no volvería a reír nunca más.

"Y vivir para vivir, vivir para no estar viva, vivir para no morir."

Morir junto a él hubiera sido mejor que quedarse así, completamente desamparada, sin nada excepto dolor, excepto algunas lágrimas, excepto la asquerosa idea de que se había acabado todo. Pero no era esta la forma en que ella quería morir, y así estaba muriendo: de dolor. La única forma digna de morir, para ella, habría sido junto a él.
Al despedirlo, había despedido su risa, su sonrisa, los hijos que planeaban tener, había dejado su fe enterrada junto a él. Y aunque en estos últimos días de dolor sin fronteras no creía en Dios, ni en dioses, ni en ninguna fuerza sobrenatural (excepto en la fuerza del dolor y la tristeza, primitivos dioses que se regodean en la miseria humana), mientras lloraba en silencio acurrucada en la almohada, soportando cada segundo de vida "no-vida", una voz suave y apacible inundó la habitación: las migrañas se atenuaron, la alarma del despertador se silenció y todo derredor pareció iluminarse intensamente, y aunque ella tenía la cara apretada contra la almohada, sintió una mano suave y firme que le acariciaba el cabello como sola una persona podía hacerlo. La voz suave susurró lo inescuchable para el oído humano, pero ella se levantó; se sentía flotar. Un saco gris de hombre estaba colgado en el perchero, junto a la puerta de la incandescente habitación. En el bolsillo izquierdo, del lado del corazón, había una nota que decía:

"Te amo desde antes de que el mundo existiera, desde que éramos dos trozos de arcilla bajo los pies del Hacedor. Amor mío, amor eterno, te esperaré más que una vida."

Ella supo que sus ojos estaban brillando otra vez, tocó su vientre con dulzura y entonces lo supo. Y antes de que pudiera darse cuenta, estaba sonriendo otra vez.

Luna Seta

miércoles, 18 de agosto de 2010

Crónica de una pesadilla inventada. Caminos abiertos: alguien quiere salir.

..los días se habían vuelto siniestros como mares revueltos y tu figura ya no estaba ahí.Algo en sus espejos estaba tristemente empañado y las miradas permanecían bajas, perdidas, indomables.
No había Dios ni dioses para nadie.
Una oscura ola de odio se apercibía en el aire y aquellos cuyas sonrisas algún día habrían significado éxtasis, amor, fantasía, pasión, estaban siendo aplastados por la inmundicia de sus propios actos.
Quienes en algún tiempo, habrían logrado musicalizar todos sus actos, solían decir que la música tenía una cantidad finita de combinaciones, y ya no había nada para componer.
Los cuentos de hadas habían sido censurados, la fantasía era considerada demasiado subversiva.
El ser humano, teniendo capacidad para volar, había optado por reptar.
Sin sueños, sin ilusiones, sin familias, sin sonrisas, sin amor, sin fe, sin canciones, sin historias que contar.
Las calles eran humaredas turbulentas, pero más por el gris de los trajes que por el espeso humo de los automóviles.
Había gritos, profundos gritos de dolor. Pero también había silencio. Y el silencio también silenciaba los gritos.
Había personas, que silenciosamente, habían dejado de luchar. La lucha por el cambio era algo viejo. Algo de otro lugar.
El asesinato se había convertido en una opción, y la naturaleza había llegado a desdibujar su propio nombre. Nada ponía el límite entre lo bueno y lo malo, la vida era una línea recta sin sentido, y tu figura ya no estaba.
Tu figura no se divisaba ahí, o tal vez se había perdido en la neblina.. a medio paso de mi nariz.
No podía preguntar si estabas porque esos ojos furiosos, sin destellos y sin ánimo, ya no buscaban nada...
Y esa lucha encarnizada de la que hablaban, y esas estrellas furiosas que te iban a conceder deseos, y esas historias que iban a permanecer en nuestras vidas... mi corazón se estaba desvaneciendo con esas cosas también, como una mochila pesada; y tenía miedo de que mis ojos perdieran los destellos, mi sonrisa se apagara, mis ropas se volvieran grises, y mi corazón no fuera más que un órgano destinado simplemente a extender mi vida por un poco más de tiempo. Tenía miedo, porque tu figura no estaba, apenas en mis sueños..
Me preguntaba qué me salvaba y mientras esperaba acurrucada sobre mi propio cuerpo apoyado sobre una puerta cualquiera, oí tras esa puerta un llanto desconocido. Abrí la puerta intentando no hacer ruido y lo vi (debo admitir que a mis ojos les dolió): una madre tomaba entre sus brazos, cansada por la espera, a un niño pequeñito. Abrazaba su cuerpito desnudo, y lo apoyaba refugiándolo en el suyo, protegiéndolo de todo, sabiendo que en ese instante, había nacido una esperanza; ella estaba llorando, y el brillo de sus ojos revelaba que el llanto era de felicidad.
Yo también lloraba. Cerré la puerta y miré una rama seca que estaba frente a mi. Tenía un capullo de seda (tal vez el único que quedaba) y se estaba abriendo. Una mariposa salió volando rápidamente. Ojalá tuviera tiempo de atravesar el océano.
Un pájaro cantó, y a través de mis lágrimas, pude divisar tu figura.

lunes, 16 de agosto de 2010

Insensatos.

Caen sin aire, percibiendo desganados un horizonte lejano.
Y en esa melancolía sobreactuada mezclan todos sus sentidos.
Pierden la magia en el camino.. sin destino, sin rumbo.
Una vez perdidos, el cielo y el infierno pierden significado.
Ilusiones transmutadas, creencia de descreídos.
Garabatean sus vidas desde el silencio, y sin pedir permiso se meten en tus sueños.
Mienten sin miedo, sin moderación. Se mienten ellos.

Insensatos. Como andar de vagabundo,
                  como publicidad de absurdos,
                  como el arte de mentir.
                  Como un insulto animal,
                  como fiera sin cautela.


                  Insensatos.

sábado, 14 de agosto de 2010

Ellos saben.

Ellos cambiaban los colores de sus sueños
y la paz entera dibujaba sus rostros.
Tenían la esperanza en sus ojos
y sus ilusiones nunca ultrajadas,
tan cerca de la piel...

Su fuego encendía caminos
Caminos desencontrados
caminos antes oscuros.

Sacudían el viento campaneante

y sus sentidos todos
se fijaban en el ruido.

Respiraban, intensos.

Un tren pasó y ellos, al borde del andén, casi pisando la nada... lo saludaron