Ellos cambiaban los colores de sus sueños
y la paz entera dibujaba sus rostros.
Tenían la esperanza en sus ojos
y sus ilusiones nunca ultrajadas,
tan cerca de la piel...
Su fuego encendía caminos
Caminos desencontrados
caminos antes oscuros.
Sacudían el viento campaneante
y sus sentidos todos
se fijaban en el ruido.
Respiraban, intensos.
Un tren pasó y ellos, al borde del andén, casi pisando la nada... lo saludaron
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